Homenaje Arnold Belkin




Bienvenida




obra de Arnold Belkin
del 9 de mayo al 6 de junio de 2003


La historia fue un espejo cargado de futuro en la obra de Arnold Belkin. Sorprende que el artista canadiense-mexicano haya entendido con tal claridad los mecanismos del devenir de América Latina. Esto se debió en gran medida a su espíritu humanista que dio forma, en 1961, al Grupo de los Interioristas, que encabezó al lado de Francisco Icaza. Ellos creían en un arte reflexivo, preocupado por la Guerra Fría, se opusieron al comercialismo exacerbado de la plástica internacional, se resguardaron en la creación de pinturas monocromáticas e hicieron de su manifiesto un credo estético.
Belkin vino desde Canadá atraído por el muralismo. Siqueiros y Orozco le dieron pautas indispensables. Con el “Coronelazo” incluso pudo colaborar, mientras que de Orozco admitió una iconografía que se nota con toda claridad en sus primeras obras mexicanas.
En los años de fuego del nacionalismo descubrió los poderes de la historia. La Revolución fue el punto de encuentro de algunas aspiraciones justicieras y el reconocimiento de ese ‘otro’ que era el campesino. Belkin también supo aquilatar la presencia de los caudillos, quienes le otorgaban el ‘sacrificio’, la muerte que , a veces, madura en beneficios colectivos. De esa manera, los hermanos Serdan, Francisco Villa, Emiliano Zapata, Francisco I. Madero son figuras emblemáticas que ofrendan su existencia en la búsqueda de un cambio.
Entre el humor y la malicia, el escritor francés André Malraux anotaba “tan tonto como un pintor”. Sin embargo, el dicho se ha revelado como una fatuidad. Arnold Belkin era hombre de inteligencia luminosa y de cultura radiante, conocía la historia del arte con erudición y sus paráfrasis pictóricas así lo manifiestan. Leía con prontitud a los clásicos, se acercaba con ánimo minucioso a los modernos y admiraba a quienes cultivaban la idea de la esperanza. Arnold reclamaba la amnesia en todos los terrenos del quehacer artístico ; como ensayista insistía en combatir la desmemoria y la estupidez de autoridades y burócratas que olvidan todo en su inquebrantable analfabetismo. Un artista así, tan puntilloso y creyente de sus propuestas, ya fueran como cuadros de caballete o en su actividad como muralista, resulta incómodo, difícil de admitir en un terreno en el cual la complacencia es parte de la cotidianidad. Juan Rulfo llegó a externar : sólo existen dos clases de creadores los indignados y los indignos. Belkin hacía honor a los primeros con una obra plástica que incluyó a luchadores sociales como Lucio Cabañas, o al libertador de América, Simón Bolívar, o a un Colón que observaba desde otra perspectiva. Arnold Belkin, artista de la diversidad y de la historia, creyó en la paz de los pueblos y en la equidad futura. Muerto hace una década, su obra es un ejemplo magnífico de sus aspiraciones, por desgracia el mundo aún transita en la insolencia de las guerras.
La exposición“Contra la amnesia” de Arnold Belkin otorga algunos hitos en la obra del artista, desde “industrias canadienses” (1950) hasta el dibujo “El visionario Cristóbal Colón” (1990), es decir, cuarenta años de una producción interrumpida que consolidó aspiraciones y obtuvo el dominio pleno en términos expresivos. Para muchos será una auténtica sorpresa el diálogo con estos cuadros que son una red de significaciones de hombre que nació en Canadá, país al que nunca olvidó y que estaba presente incluso en el arte culinario de Belkin, y de un México que fue un anfitrión espléndido para un hombre ávido de imágenes insólitas y epopeyas sociales.
Belkin cumple 20 años de muerto y la exhibición es un mínimo homenaje al gran artista.
Andrés de Luna




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