![]() del 4 de septiembre al 1 de octubre de 2003 El mundo crece y decrece, se hace mole inmensa o desaparece ante nuestros ojos atónitos. Somos parte de esas polaridades que comienzan en la infancia, cuando un territorio infantil es el de la minimalia Saskia Bostelmann, diseñadora prominente, recupera, por medio de sus magníficas propuestas de joyería, esa zona donde lo minúsculo convierte las figuras en historia, en posibilidad de algo que rompe su secreto y se aposenta ante nosotros. ![]() Saskia imagina esas realidades que parecen colarse en el tráfago de las cosas gigantescas e inútiles. La lección mayor fue el derrumbe brutal de las torres gemelas de Nueva York. La altivez de los edificios contrastó con su fragilidad aparente. La otra cara de la moneda está dado por la miniatura medieval que sobrevivió intacto en las vitrinas del Museo Británico. Es, por ejemplo, una crucifixión milimétrica que dejó pasar los siglos sin registrar deterioro alguno. Saskia Bostelmann apuesta su talento a su minimalia, palabra consentida por Alfonso Reyes, porque en ese micro universo está la vitalidad de aquello que late y se manifiesta con indudable acierto. En estas joyas está la redención del detalle, y lo que es necesario de ubicar entre la dinámica de sus formas. Las historias están ante nosotros, en el limbo de la mirada y sólo falta darles el soplo de las interpretaciones, porque su sentido poético está con estas piezas de soberbia realización y de contundencia plástica. Sin dudarlo: David venció a Goliat. Andrés de Luna ![]() ![]() ![]() ![]()
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